Una carrera perfecta

En 2017 dos amigos que tienen un nivel similar se pusieron como objetivo bajar de 3 horas en maratón. Partían de marcas personales de 3:09 y 3:08 respectivamente ambos con una larga experiencia. Dado que  me gustaba la compañía decidí realizar los entrenamientos con ellos y luego ya decidir que marca intentar.

Para aumentar las posibilidades de éxito buscamos una maratón que con la premisa de estar homologada fuese  lo más benévola posible en cuanto a recorrido, climatología y afluencia de corredores. Así las cosas planeamos el ataque a la marca en un pueblo italiano cerca de Bolonia, y la fecha mediados de octubre.

Tras pasar el verano entrenando,  con 1600 quilómetros en las piernas, y con el viaje planificado y pagado, a 3 semanas del día D la organización decide suspender la carrera aduciendo motivos económicos.

Con estoicidad, decidimos correr la carrera de casa, la maratón de Valencia, y alargamos la planificación un mes más, 400 quilómetros más. En ese lapso de tiempo uno de los compañeros se lesionó y tuvo que abandonar el proyecto, y el otro compañero y yo decidimos que iríamos juntos para 3:05.

La semana anterior, a 8 días del gran día, despues de un entrenamiento rutinario (si es que hay alguno que lo sea), mi músculo piramidal decidió que no corriésemos. El día siguiente tenía el último entrenamiento de calidad, 15 km a ritmo de maratón, y no lo pude finalizar.

Durante toda la semana dejé de correr, acudí a sesiones de masajes pero no había mucho que hacer en tan poco espacio de tiempo. El fisio me comentó que si corría lo más probable es que me rompiera a los pocos quilómetros, y que correr con dolor toda la carrera estaba asegurado,  por lo que su recomendación era que no participara.

Sois corredores/as como yo, así que ya sabéis que decidí. Eso sí, le dije a mis familiares que no valía la pena que se pegaran el madrugón, que las posibilidades de terminar eran escasísimas.

Y llegó el día de la carrera. Me levanto a las 5:30 y mientras me tomo el primer café me planteó el dilema de coger el coche y hacer los 100 quilómetros y pasar la mañana fuera de casa haciendo el paripé o si quedarme en casa. Decido acudir, ya que muchos compañeros corrían y al menos si me rompía podía animarles.

Cuando corres una maratón sabes que vas a sufrir en algún momento, pero yo ese día sabía que iba a tener dolor desde el minuto 1, y lo enfoqué de esa manera. Me puse los cascos, aunque nunca corro con música, le dije a mi compi que iba a ir a mi ritmo y empecé la carrera. Los primeros quilómetros los realizé lentos, hasta que me cogió el práctico de 3:15 que se ve que había salido detras de mí y seguí con el grupo que se montó en torno a él.

En el paso de media maratón decidí arriesgar y dejé la relativa comodidad de la grupeta y aceleré progresivamente. Terminé con un tiempo de 3:12, y ha sido, de lejos la mejor carrera de mi vida. He corrido carreras más rápidas, más lentas, pero nunca había sentido una simbiosis igual de cuerpo y mente.

Eso sí, después estuve 3 semanas sin poder correr por lesión, pero valió la pena levantarse ese día para salir a correr.

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