Crónica de la UTMC de Roger Tallada: Creo que son 16…

Roger Tallada es un corredor con el que compartimos momentos digitales y experiencias en el canal zetaRUNNERS. Os dejamos aquí su aventura en la UTMC del pasado 3 de febrero del 2018, escrita por él mismo y en la que consigue transmitir muchas emociones en un relato que no podrás dejar de devorar. ¡Enhorabuena Roger!

2:50 am, suena la alarma pero apenas es necesaria, me he despertado en varias ocasiones por miedo a dormirme. Hoy es el gran día, me esperan los 94 kilómetros con unos suaves 3600 metros de desnivel positivo de la Ultra Trail del Montnegre Corredor, pan comido. Corro en casa y los tres entrenos semanales de los últimos meses me ha dejado hecho un Kilian, sin duda podré mantener una media de 9:00 m/km y acabarla en 14 horas. Además, sólo son 30 kilómetros más que la distancia más larga que he hecho hasta el momento.


Descarto comer el aguacate que había guardado para desayunar, aún noto la cena en el esófago. Me visto y cojo el coche dirección Vallgorguina haciendo una parada para recoger a Pep, un amigo que es un máquina con sobrada experiencia en ultra trails. El día anterior me da dos grandes consejos: usa palos y aprovecha la bolsa de vida. Siendo de distancias cortas, maratones y tal, no le veía demasiado sentido a que me llevasen una bolsa con lo que quisiera a la mitad del recorrido. Por suerte le hice caso y preparé una bolsa con una muda entera y alguna cosa más, por si acaso. Por cierto, pregunto, “¿En cuanto piensas acabarla?”, “En unas 14 horas.” contesta. Mierda, si él necesita 14 yo necesitaré alguna más.

Llegamos a Vallgorguina 30 minutos antes de la salida a las 5:00 am. Hace tanto frío, -1º, que no me quito ni los pantalones de chandal que llevo encima de las mallas y salgo con ellos. Le deseo buena carrera a Pep y dejo que se aleje. Dosifico el ritmo, esta vez para variar quiero hacer una carrera inteligente y reservar fuerzas.

A los pocos kilómetros de salir entro en calor y me quito los pantalones, debería haberlos dejado en guardarropía. Me siento bien yendo a ritmo suave, nos vamos separando hasta que llega un momento que no veo a nadie directamente delante ni detrás, sólo el destello ocasional de algún frontal entre los árboles. Esto me regala un momento mágico: de reojo veo que la luna está a mis pies, montaña abajo. El pantano de la Brinxa refleja la luna llena entre las ramas.

Se hace de día y llego al primer avituallamiento donde nos agrupamos unos cuantos corredores. Cogemos con ganas el primer descenso largo por senderos y avanzamos a ritmo ligero. Demasiado, pero qué narices, me lo estoy pasando bien, ya habrá tiempo para recuperar. Cuando me doy cuenta estamos en el kilómetro 30 y el reloj marca 4 horas. Después de unas cuantas integrales y derivadas mi mente maravillosa calcula que 4 horas x 3 tercios de carrera son al menos 16 horas.

Esto me pone muy nervioso, si a estas alturas voy a este ritmo llegaré pasadas las 9 de la noche y haría esperar a mi mujer, mi hija y mis suegros que estarán en meta. Subo el ritmo y me engancho a un grupillo que va al ritmo que voy yo en una media. Así llegamos a Sant Cebrià de Vallalta donde está el avituallamiento con desayuno. Mientras como medio sandwitch parece que riega un poco de sangre al cerebro y me doy cuenta que 4 x 3 son 12. Genial, ahora estoy 2h por debajo del tiempo que había estimado, mando un mensaje a Sandra, voy sobrado.

Recorro el tramo entre Sant Cebrià y Arenys de Munt sin ningún problema y me planto a mitad de carrera en 6:30h. En Arenys como un plato de arroz con atún y lentejas y aprovecho la bolsa de vida para cambiarme de camiseta, dejar el pantalón de chandal y coger una batería externa para cargar el móvil y el reloj. El cambio de camiseta ha valido la pena aunque vaya a estar sudada en nada, me siento limpio y fresco como un bebé. Descanso unos 20 minutos y salgo con fuerzas renovadas a por la segunda mitad, iluso de mi.

Sólo salir del parque de Can Jalpi me ataca el sueño, son las 12 del mediodía y el sol brilla con fuerza pero se me cierran los ojos como si fueran las 12 de la noche. Quiero… No, necesito tumbarme a un lado del camino y echar una siesta. A lo lejos veo a otro corredor, mayor, me marco como objetivo adelantarlo. Me lleva un rato hacerlo, pero así consigo vencer a Morfeo.

Desde Arenys hasta la cima del Montalt es todo cuesta arriba. A partir de ahí y hasta Dosrius me conozco el recorrido como la palma de mi mano y confío en que eso me ayudará a ir más rápido. La subida final al Montalt me baja de mi nube, nunca me había costado tanto subirlo. La bajada lo confirma: mis piernas van a piñón fijo y no tengo agilidad para zonas técnicas. Guardo un minuto de silencio por mi plan de dosificar fuerzas, una vez más.

El que debería haber sido el tramo más fácil se me hace interminable. Todo es conocido, nada tiene interés, corro como un autómata, con la mente vacía. El corredor mayor acecha un centenar de metros por detrás. Me propongo alejarme de él definitivamente y aumento el ritmo con tal éxito que un par de kilómetros antes de Dosrius me adelanta y ya no lo vuelvo a atrapar. Llego a Dosrius fundido pero no voy a rendirme, sólo me falta la subida al santuario del Corredor. 25 kilómetros de nada que, a estas alturas ya no me engaño, voy a sufrir cada uno de ellos. Sólo son las 16:15, al menos llegaré sobre las 20.

Como medida excepcional me tomo un gel que me ayuda a subir hasta el siguiente avituallamiento donde me dicen que el próximo, el del Corredor, está a sólo 11 kilómetros. Eso me da alas, después del Corredor sólo queda la bajada final. Mientras cae la noche me junto con otros dos corredores, los tres parecemos Chiquito con piedras en los zapatos. Los 11 kilómetros se convierten en 15 con un rodeo que nos hace descender 100m que luego tenemos que recuperar y sumar a los 100 que faltaban hasta la cima. Ahora somos un cruce de Chiquito con un niño de 4 años en el coche: “¿Llegamos ya? ¿Falta mucho? ¿Dónde está el santuario?”

Llevo ya más de 14h y me preocupa llegar muy tarde y hacer esperar a la familia. Pep me manda un mensaje: ha acabado hace rato y se va con unos compañeros para casa. 12:17h ha hecho, el jodido. Finalmente llegamos al Corredor pasadas las 20h, otro objetivo al traste. Tomo un chocolate caliente y para abajo. Conozco el descenso a Vallgorguina, técnico y complicado en condiciones normales. Ahora llevo 90km, es de noche y me entra la risa. Del trío quedamos dos bajando a saltitos. Piso mal una piedra y me tuerzo el pié, lo que me obliga a bajar andando. Ni siquiera me molesta y además el compañero va a la misma velocidad corriendo que yo andando.

Se acaba el descenso, quedan 3 kilómetros en llano donde pierdo de vista al compañero que quiere acabar de una vez ya. Yo también pero pese a insistir parece que mis piernas no están por la labor. Corro tan rápido como puedo (8:00 m/km, muérete de envidia Usain) y consigo llegar a meta donde me espera Tània para cruzarla con ella en brazos. Tiempo final: 15:40h.

Lo he conseguido, aún no se exactamente qué, pero lo he conseguido.

Autor: Yo Trail

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