Siempre habrá piedras pero deberás sortearlas.

¿No te has sentido alguna vez contrariado en todo el proceso de la consecución de un objetivo?

Cuando te planteas un gran objetivo, de esos que, por una parte, sabes que tendrá un gran impacto en tu vida y por otra, algunas personas dudan o directamente te tachan de chalado, habitualmente ese objetivo transcurre por tres fases: negación, incredulidad y felicitación.

 

La negación

 

Tu te planteas tu objetivo, planificas más o menos el plan a seguir, te emocionas con ello, tienes cierto temor pero sabes que el beneficio de la consecución es capaz de ahogar cualquier atisbo de hundimiento. Eso lo tienes claro tu pero ¿y los demás?

En esta primera fase es bastante habitual que las personas que no creen en ti, que no creen en ellos mismos o que realmente no te aprecian tanto como tu crees van a actuar de manera, consciente o inconsciente, negando que puedas ni siquiera acometer el plan. A veces te lo dicen de manera poco sutil (“¿Un maratón? No tienes ni tiempo para entrenar!”) y otras veces de manera más sutil (“¿Estás seguro? Eso te supone mucho esfuerzo”)

 

No escuches eso. Tu sabes lo que quieres, deberías saber lo que quieres hacer y ningún comentario externo puede malograr tu plan y tu objetivo.

 

La incredulidad

 

Llegará un momento en el que estarás en tu camino, habrás alcanzado alguna meta intermedia importante, cosa que te reforzará y mitigará esas pequeñas dudas.

 

Desde fuera se verá como algo casual, fruto de la suerte, la casualidad (“si, está bien, pero no es para tanto”). Desde fuera no se le dará la relevancia que sabes que tiene. Mientras unos hablan de suerte y casualidad tu hablaras de buena suerte y causalidad. En este punto, en el que te crees capaz, esos comentarios serán lo que se dice “como oír llover”.

 

La felicitación

 

Cuando hayas conseguido tu objetivo la mayoría de gente te va felicitar. Otros te van a obviar pero de eso hablaremos en otra ocasión.

Los que realmente te aprecian y quieren lo mejor para ti te van a felicitar y puede que se sientan también felices y plenos al verte conseguir ese objetivo, incluso esas personas que no fueron todo lo positivas que tu hubieses querido en todo el camino. Cuando pase esto tienes que entenderlo, es normal. Nuestra inconsciente está programado para minimizar el dolor y atraer el placer consumiendo el mínimo de energía. Por suerte tenemos la mente consciente, que podemos manejar a nuestro placer de manera voluntaria.

 

La moraleja de todo esto es que nada ni nadie te pare para que tus deseos se conviertan en hechos. Las piedras en el camino, de menor o mayor medida siempre van a estar ahí pero debes aprender a sortearlas.

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